El primer libro contaba las lecciones. Este cuenta lo que pasó después de aprenderlas. Las recaídas, la llamada que me fundió el cerebro, los meses en que intenté apagar el dolor en lugar de enfrentarlo, la conversación con mi papá que tardé años en tener, y el amor que llegó cuando ya había dejado de buscarlo desesperadamente. Sanar no es una línea recta. Es una espiral. Y este libro es la prueba de que se puede caer después de aprender, y levantarse de todas formas.